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La
obra de María Valencia es un lenguaje intencionado y maduro que conjuga
la preocupación introspectiva con la certeza de la búsqueda. Sus personajes,
predominantemente femeninos, son descubiertos por la luz tenue de
sus cuadros en el momento mismo de plantearse una pregunta o de tomar
una determinación o de sorprenderse a sí mismos.
El discurso interno que se desprende
de ellos fluye a través de un entrono por el cual se expresa, y que
nunca entra en contradicción con su esencia, por lo que, de alguna
manera, se desmitifica la intimidad al compartirla con un exterior
que, aunque en ocasiones llega a ser sórdido, pocas veces sobrepasa
la voluntad de autoconocimiento: del erotismo es testigo un zorro,
la desesperación es parte de las banquetas, la tranquilidad descansa
en el asiento delantero de un automóvil; en fin, se trata de un universo
en el que el deseo de huida es conducido por un lobo y contenido por
el dolor de una bañera, en el que los objetos bruñidos no reflejan
nada y en el que cada símbolo alcanza la misma intensidad.
El concepto pictórico de María Valencia
es resultado claro de profundas meditaciones, en las cuales hay preguntas
y respuestas que, como la vida y lo más íntimo del ser humano, nos
dejan ver sólo una parte de la verdad.
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Gabriela
Eggia Liz |
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